Hecha la ley, hecha la trampa

Foto: Fernando Cano

OPINIÓN | Pedro Expósito.- Hay decisiones que, aunque puedan encontrar amparo en un reglamento, son muy difíciles de explicar desde el sentido común. Y esa es precisamente la sensación que deja todo lo ocurrido con la plaza vacante de División de Honor Andaluza.

No escribo estas líneas como aficionado del Villacarrillo CF. Ni siquiera como defensor de un club por encima de otro. Mis respetos al CD Rincón. Las escribo como alguien que lleva años siguiendo el fútbol provincial y que, una vez más, vuelve a encontrarse con una resolución que cuesta comprender.

El Villacarrillo descendió. Es cierto. Pero descendió por arrastre, no porque fracasara deportivamente. En el terreno de juego hizo los deberes y consiguió la permanencia. Seré elegante y no diré lo que realmente pienso de aquel último partido frente al CD Benagalbón, de su arbitraje o de todo lo que vino después. Quien lo vivió ya tendrá su propia opinión. Después llegaron las matemáticas de los ascensos y descensos, esa cruel cadena que cada temporada castiga a equipos que habían logrado su objetivo. El club aceptó aquella situación porque así lo contemplaba la normativa.

Pero esa misma normativa también recogía que, si posteriormente se producían vacantes, los equipos descendidos por arrastre tendrían prioridad para ocuparlas. Era una forma de corregir una injusticia deportiva que ellos nunca provocaron. Era, en definitiva, una segunda oportunidad para quien ya había demostrado sobre el césped que merecía seguir en la categoría.

Y entonces apareció la vacante. Una vacante de la que en los mentideros del fútbol andaluz se hablaba desde hacía semanas. El Palo FC no iba a competir en División de Honor y, sinceramente, también tengo serias dudas de que termine haciéndolo en Primera Andaluza Málaga, aunque actualmente figure inscrito. Ya ocurrió algo parecido con el Poli Ejido la pasada temporada y entonces también se negó un ascenso a un equipo jiennense por una situación muy similar. Lo dejaré ahí.

Muchos dimos por hecho que esa plaza acabaría en Villacarrillo. No por simpatía hacia el club. No por intereses. Simplemente porque era lo que parecía desprenderse de la propia circular de competición. Aun así, cuando me preguntaban, siempre respondía con cautela. Quizá por experiencia. Quizá porque, con el paso de los años, he aprendido a desconfiar cuando determinadas decisiones dependen de la RFAF.

Sin embargo, la resolución fue otra.

La Federación ha decidido apoyarse en otro texto normativo, el Reglamento General, para conceder la plaza a un equipo que ni siquiera logró el ascenso por la vía deportiva. Un club que realizó una magnífica temporada y que no tiene absolutamente ninguna culpa de esta situación, pero que fue eliminado en el playoff, a manos del Carolinense CD,  y que sobre el terreno de juego no consiguió alcanzar la División de Honor.

¿Es legal? Puede que sí. No seré yo quien discuta las competencias jurídicas de quienes deben interpretar los reglamentos.

«No basta con que la justicia se haga; también debe parecer que se hace.»

Lord Hewart

Pero hay una diferencia enorme entre que algo sea legal y que parezca justo.

Y cuando una decisión provoca que prácticamente todo el fútbol jiennense cierre filas – no es habitual en nuestra santa provincia –  alrededor del Villacarrillo; cuando clubes, entrenadores, futbolistas, aficionados y medios de comunicación coinciden en que algo no encaja; cuando incluso quienes no tienen ninguna vinculación con el club consideran que se ha cometido una injusticia… quizá el problema no sea únicamente la interpretación del reglamento.

Quizá el problema sea el propio reglamento.

O quizá sea que unas normas terminan imponiéndose sobre otras hasta el punto de dejar sin valor una circular que la propia Federación entregó antes de comenzar la competición.

Eso es lo verdaderamente preocupante.

Porque el fútbol necesita seguridad jurídica. Necesita que los clubes sepan a qué atenerse desde el primer día. Si una circular establece un criterio y, cuando llega el momento decisivo, termina aplicándose otro distinto, es inevitable que aparezcan las dudas.

Y donde aparecen las dudas, también aparece la desconfianza.

Lo más triste de todo es que esta decisión no perjudica únicamente al Villacarrillo. También arrastra a la Cultural Deportiva Tuccitana a un descenso que, hace apenas unos días, nadie contemplaba. Es el efecto dominó de una resolución que altera el mapa del fútbol andaluz y deja la sensación de que los méritos deportivos han quedado relegados a un segundo plano.

No sé qué ocurrirá con los recursos anunciados por el Villacarrillo CF. Quizá prosperen. Quizá no. Será quien corresponda quien tenga la última palabra.

Lo que sí tengo claro es que el fútbol andaluz necesita reglas claras, interpretaciones coherentes y decisiones que no obliguen a los clubes a acudir a los despachos para defender lo que creen haber ganado sobre el césped.

Y también tengo clara otra cosa.

Quienes llevamos años siguiendo el fútbol de Jaén convivimos desde hace demasiado tiempo con una sensación difícil de explicar, pero muy fácil de percibir: la de que nuestra provincia juega muchas veces un partido distinto al del resto. La sensación de que aquí cuesta más conseguir lo mismo, de que determinadas decisiones rara vez terminan cayendo de nuestro lado y de que, en demasiadas ocasiones, nos sentimos ninguneados frente a otras delegaciones.

Quizá sea una percepción. Quizá haya quien piense que es victimismo. Pero cuando esa sensación se repite una y otra vez, cuando los precedentes se acumulan y cuando episodios como este vuelven a golpear al fútbol jiennense, resulta complicado pedir a la gente que crea que todo es fruto de la casualidad.

Jaén tiene menos licencias federativas que otras provincias, sí. Pero eso no debería traducirse nunca en tener menos peso, menos consideración o menos derechos. El tamaño de una delegación no puede determinar el valor de sus clubes ni el respeto que merecen.

Porque en el fútbol, como en la vida, no hay territorios de primera y territorios de segunda.

O, al menos, no debería haberlos.

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